La imprenta de Don Quijote

El número 14 de la calle del Call albergó durante dos siglos el prestigioso taller y librería de Sebastián Comellas, visitado por Cervantes y su inmortal personaje y del que solo quedan unos maltrechos esgrafiados en la fachada

Una tienda de bisutería llamada Dulcinea ocupa los bajos del edificio número 14 de la calle del Call. La referencia cervantina no resulta casual si se conoce la historia de la finca. Y es que antiguamente fue la sede de la histórica y reputada imprenta de Sebastián Comellas que conoció el mismo Cervantes y que Don Quijote visita en uno de los capítulos que narran su estancia en Barcelona. Unas antiguos y maltrechos esgrafiados en la fachada aún atestiguan el pasado del inmueble vinculado a la industria de la impresión y el libro.

La imprenta se remontaría a finales del siglo XVI, cuando Comellas habría adquirido el negocio a la viuda de un tal Humberto Gotard. La familia mantendría la actividad al menos durante dos siglos, en los que la imprenta adquirió gran prestigio. Numerosos escritores e investigadores acudían a ella e incluso disponían de una sala especial para realizar su trabajo.

Los especialistas en Cervantes coinciden a la hora de señalar que esta es la imprenta que Don Quijote visita durante su estancia en Barcelona, como recoge uno de los capítulos de la obra, aunque no se cita explícitamente.

En su visita, el hidalgo se muestra gratamente sorprendido por la calidad del trabajo, hasta que, para disgusto de su autor, descubre que se está corrigiendo el libro Segunda parte del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, polémica obra apócrifa firmada por un tal Alonso Fernández de Avellaneda, seudónimo que escondía la verdadera identidad del autor, del que se dice que es natural de Tordesillas. Esta obra falsa disgustó tanto a Cervantes, que aceleró la edición de la segunda parte real del Quijote para dejar en evidencia el fraude.

A la vista del libro de Avellaneda, Don Quijote dice: “Ya yo tengo noticia de este libro, y en verdad y en mi conciencia que pensé que ya estaba quemado y hecho polvos, por impertinente; pero su San Martín se le llegará como a cada puerco; que las historias fingidas tanto tienen de buenas y de deleitables cuanto se llegan a la verdad o a la semejanza de ella, y las verdaderas, tanto son mejores cuanto son más verdaderas”. Es la puya que Cervantes, a través de su personaje, dedica de forma crítica a la versión de Avellaneda.

De la historia de la imprenta Comellas y su participación en la edición del libro de Avellaneda tan solo restan hoy unos deteriorados esgrafiados en la fachada que fueron restaurados en 1966, según indica en una placa, y que necesitan una segunda reparación urgentemente.

Fuente: lavanguardia

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